Este mes y celebrando el día internacional de la mujer, entrevistamos a Emilia Berestain, una emprendedora azuleña que da trabajo en India a casi cuarenta mujeres que buscan emanciparse de sus maridos o salir de la pobreza.

Radicada en Varanasi junto a su marido Guillermo Cerebelina desde hace más de doce años, Emilia llego a la India con la idea de conocer la cultura de ese país y trabajar en su espiritualidad, poco tiempo después decidieron instalar allí su hogar.

Al inicio de nuestra charla, Emilia nos relató  acerca de la situación que se vive en aquel país y su proceso de adaptación a esa nueva cultura, “al principio fue muy difícil, es una realidad tan diferente que nadie está preparado para verla, se ven cientos de pobres, mucha gente viviendo en la calle, muchas personas a las que le faltan las extremidades,  no solo se trata de falta de salubridad, también de una gran corrupción política…” contó.

Y aunque su relato no es de ensueños, decidieron elegir a ese país para vivir porque más allá de la realidad que uno puede ver y palpar en la India, hay algo mucho más valioso que no se ve, sino que se vive y se siente. “Allá la gente es muy espiritual, creen mucho en la energía y tienen una filosofía de vida mucho más desapegada de lo material, se vive de manera más simple”nos relata Emilia y agrega, “más que para lo exterior, la gente busca conectar con su alma, con su espíritu, para entenderse a sí mismos y encontrar el sentido de sus vidas…”, aclarando más adelante que, “eso no significa que el capitalismo allá no exista y que no haya gente que te engañe, eso también está como en cualquier lugar del mundo, pero en general, el sentido de la vida no está puesto en lo material…”.

A poco más de un año de instalados en Varanasi, allá por el 2006, su marido Guillermo abrió la fábrica textil donde confeccionan la ropa marca “Sanskrit  que exportan principalmente hacia Argentina y se comercializa en nuestra ciudad, Palermo y Floresta. Más tarde se uniría él Emilia con “Radha, su emprendimiento personal de bisutería y accesorios. Al respecto Emilia contó, “Si bien yo lo estuve acompañando a Guille en su emprendimiento, al principio estuve más orientada a trabajar en mi espiritualidad, fue a medida que pude ir curando mi alma y sanando mi mente, que pude empezar a abrirme al mundo”.

En este camino espiritual la emprendedora azuleña comenzó a realizar “Karma Yoga” o lo que acá podríamos definir (más o menos) como voluntariado. Así conoció a su amiga María, una española que fundó en Varanasi un comedor educativo llamado “Semillas para el Cambio” -orientado a garantizar los derechos fundamentales del niño-, donde ambas realizan diferentes trabajos para ayudar a quienes viven en los Slums (villas).

El Rol de la Mujer en India

Respecto al papel que ocupa la mujer en la India, Emilia nos cuenta “hay mucha influencia musulmana, por eso el rol de la mujer todavía está muy ligado a servir a su familia y al estar dentro de su casa, allá está muy mal visto que la mujer pase muchas horas fuera de su hogar o se presente sola en público. Sin embargo, ésta no es la única realidad, a Varanasi llegan muchas familias de Bangladesh que viven en los slums, son muy discriminados y por lo general no les dan trabajo o les cuesta mucho conseguir uno. En estas familias, el rol de la mujer es salir a buscar basura para sobrevivir”.

Con el objetivo de enseñarles a las mujeres de los slums un oficio, para que puedan contar con una herramienta que les ayude a conseguir ingresos, es que Emilia y María decidieron brindar en “Semillas” talleres de bisutería y accesorios. Sin embargo, poco tiempo después “empezaron a sumarse otras mujeres que buscaban un ingreso económico para emanciparse de sus maridos” explicó la azuleña.

En un principio, la producción de los talleres comenzó a venderse a través de la tienda online solidaria de Semilla para el Cambio. Conforme fue creciendo el grupo de mujeres, y con la idea de darles un ingreso fijo y bien pago, parte de la mano de obra la fue absorbiendo Emilia, quien desde entonces exporta sus productos al por mayor a la Argentina. “Hoy trabajan en este emprendimiento casi cuarenta mujeres, algunas van a la ONG, sobre todo las mujeres de los slums porque viven enfrente, otras van a lo de mi amiga Raki – nativa de Varanasi- donde se les da las herramientas, se les indica el trabajo que tienen que hacer y les continuamos enseñando”, nos cuenta.

Dado el rol que cumplen aún hoy las mujeres en India, no es posible trabajar  con horarios fijos ni por turnos – dijo Emilia- en la medida que ellas pueden se acercan, a veces van dos horas otras un poco más… Mientras estoy en la India yo tengo contacto directo con ellas y les continuo enseñando, lo piden…es un trabajo que les gusta, sobre todo cuando empiezan a tener su propio dinero”.

A pesar del gran aporte que realiza, Emilia entiende que “el beneficio de esta relación terminó siendo mutuo” y que “solo aporto un granito de arena”. Sin embargo, en un país donde las mujeres pobres no tienen vos ni voto y donde su hacer es reducido a juntar basura y servir a su familia, ese granito de arena para ellas significa ser autónomas, contar con un espacio donde se sienten cómodas y apoyadas, así como enseñarles a sus hijos, a través de su trabajo, que otra realidad es posible. 

Es a partir de su labor, que este mes y celebrando el Día de la Mujer, desde el Centro Empresario destacamos este emprendimiento y los aportes que Emilia realiza para ayudar a las mujeres que quieren emanciparse, o llevar una vida mejor en la India. También es importante resaltar que, además de éste trabajo, la emprendedora azuleña junto a su marido Guillermo destinan parte de la ganancia de sus emprendimientos para ayudar a quienes más lo necesitan.  A futuro, prevén  iniciar algún proyecto en Argentina para también colaborar en su país.  

Finalizando nuestra entrevista Emilia dijo “Nosotros no somos santos, por supuesto que trabajamos para ganar dinero, porque sin duda es lo que nos permite vivir, invertir, viajar y movernos, pero tampoco somos ricos, ni nos interesa serlo, sólo aprendimos que podemos vivir haciendo lo que nos gusta y nos hace bien, conscientes de que debemos ayudar cotidianamente a quienes más lo necesitan”.